martes 2 de marzo de 2010

Lisboa: ciudad de contradicciones

Este último destino, debo reconocerlo, no estuvo determinado por Alberto. Mar tampoco dió su opinión o, más bien, nunca fue de la idea de que Lisboa fuese un destino inminente. Sin embargo, no eran pocos los amigos y amigas que me invitaban a visitar esta ciudad tan cercana a nuestro país, un país -Portugal- con el que compartimos
península pero que, tal vez, olvidamos a veces en la trastienda por tenerlo ahí tan cerca, a un paso de nosotros.
De pequeño yo siempre recordaba el comentario de la gente que hablaba
con mis padres: visitar Portugal, sin referirse a Lisboa necesariamente, es como regresar 30 años atrás. En el siglo XXI, en algunos aspectos, esto sigue siendo lo mismo. De todas formas, hablamos de personas, aquellas que hablaban con mis padres, que apenas traspasaban la frontera extremeño-portuguesa para adentrarse en territorio portugués y comprar toallas, paños y mantelería en general que, decían, estaban muy baratos, mucho más que en España. Ahora, ya se sabe, con los chinos dominando el mercado mundial en todo, difícilmente uno puede caer en la tentación de comprar estas mercancías lusas, pudiéndolas encontrar más económicas y, tal vez, de la misma o tanta calidad que las que compraban nuestros familiares hace ya más de dos décadas.


El puente de Andalucía, que este año -para algunos- ha comenzado el 26 de febrero y ha
acabado hoy 2 de marzo, nos ha dado a unos pocos andaluces la oportunidad de salir de nuestra casa y cambiar de aires, aunque solo sea por unos pocos días, suficiente a veces para cambiar de ritmo y rutinas.

Nuestra visita comenzó en Sintra y Belém, aunque solo fuese por hacer las cosas de forma un tanto especial. Belém es un lugar muy especial, con su monasterio manuelino de los Jerónimos, la Torre de Belén apenas a unos 200 metros atravesando una sencilla calzada. Bélem, es sin duda un lugar magnífico para pasar una buena mañana de paseo. Las vistas del puente 25 de abril al fondo y el imponente monumento de Cristo Rey en la otra orilla, con el enorme y casi inabarcable Tajo por testigo no tienen nada que envidiarle a la bahía de San Francisco. Cuesta trabajo imaginar una construcción como ésta, que une Lisboa con la "outra banda", u orilla sur del Tajo.
Originalmente, este puente, construido en 1966, tuvo el nombre de "Puente Salazar", conmemorando así el nombre de tan poco ilustre dictador -Antonio Oliveira Salazar- que gobernó Portugal con anterioridad al 25 de abril de 1974, fecha en la se que restauró felizmente la democracia en Portugal. Este enorme puente, de un kilómetro de longitud, está inspirado en el Golden Bridge de San Francisco, construido también en acero y con capacidad para trenes por debajo de la carretera que atraviesa el puente por su parte superior.

Volviendo al entorno de Belém, merece la pena visitar el Claustro del Monasterio los
Jerónimos y su edificio adyacente, el Museo Nacional de Arqueología. Además, es muy recomendable darse un paseo por la Plaza del Imperio, o caminar tranquilamente por la Rua de
Belém, la Plaza de Alfonso Alburquerque o la Travessa dos Ferreiros, todos estos lugares
rodeados por estupendos jardines y edificios que no desmerecen una visita pausada y relajada. Es recomendable visitar Sintra por la mañana y luego, de seguido, desplazarse a Belém. En las distintas guías se advierte de lo poco útil o aconsejable que resulta trasladarse en coche por Lisboa, quizás sea verdad, aunque para visitar Sintra y Belém parece obligado contar con un vehículo. Ascender al Palacio da Pena, o descender al Palacio Nacional de Sintra o la Vila Turistica de esta ciudad se me antoja un tanto engorroso, pues implica partir en metro desde Lisboa, luego utilizar el sistema ferroviario, para culminar este periplo utilizando un autobús y subir al Palacio da Pena. En el palacio de Sintra, háganme caso, lo más llamativo son sus chimeneas cónicas que servían para dar tiro al fuego que se utilizaba en los fogones de este palacio real en su preparación de los
banquetes reales. La república portuguesa, como no podía ser menos, tuvo a bien hacerse con esta propiedad y declararlo monumento nacional en 1910. Pero sin duda, es el Palacio da Pena el enclave más interesante de Sintra, construido en el siglo XIX para el caprichoso marido de la Reina María II, D. Fernando Saxo-Coburgo-Gotha, primo del príncipe Alberto, esposo de la reina Victoria de Inglaterra. Una auténtica joya arquitectónica, producto de una mente privilegiada y artística, con rarezas arquitectónicas, entre ellas la mezcla del arte mudéjar, otras veces manuelino y todo ello también amalgamado con los primeros toques de modernismo en arquitectura. En definitiva, un lugar que merece la pena visitar.

De todas formas, lo interesante estaba en Lisboa: visiten el Castillo de San Jorge, con magníficas vistas al Tajo y toda la ciudad de Lisboa. El barrio de Alfama -que da cobijo al propio Castillo de San Jorge-, el Barrio Alto y Estrella, Baixa y Avenida y, a buen seguro, Chiado, magnífico ejemplo de lo que ha sido la reconstrucción de una zona devastada por el incendio de 1988 y que ahora está volviendo a ser una de las zonas más bellas de Lisboa. No dejen de visitar la Plaza de Restauradores, Plaza del Comercio, Plaza de Figueira o el elevador estilo neogótico de Santa Justa, diseñado por el discípulo de Eiffel, Mesnier du Ponsard.

Una ruta obligada, finalmente, es hacer el trayecto de la "carreira 28" -no reparen en el tranvía fotografiado más abajo-, un tranvía que recorre Lisboa prácticamente de punta a punta desde el Barrio Alto hasta Alfama. Funiculares, metro, tranvía, elevadores, autobuses...todos los medios de transporte que usted necesitará para
recorrer esta ciudad de contrastes, a caballo entre el pasado y el presente, están a su disposición por la muy módica cantidad de 4 euros diarios, adquiriendo una tarjeta ilimitada durante 24 horas en cualquier estación de metro. En Lisboa, aparque el coche, utilice el sistema público de transporte, es eficiente y muy puntual, mención aparte merece el metro de Lisboa, el más limpio, oxigenado, amplio y bien diseñado de cuantos he visto, un magnífico ejemplo de cómo esta ciudad, a veces desordenada y caótica, se debate por salir adelante, de forma más o menos organizada, y gustar a su viajero.


Un último consejo, desconfíen muy seriamente de los establecimientos de restauración, como por ejemplo...éste, sin ir más lejos. Extremen el cuidado con una bandeja de pan, siempre utilizada para dar la bienvenida al comensal aunque éste no la solicite. El pan es acompañado por otras viandas, como queso fresco para untar, paté de atún, paté de sardina o mantequilla. Si usted visita Lisboa, directamente no acepte este ofrecimiento que, aunque puesto al turista amablemente, acaba convirtiéndose en el inicio de una cuenta de servicio mal entendida y mal interpretada por parte del que atiende, que además lo hace -no pocas veces- de forma malhumorada y apresurada con el visitante, al que siempre tanto hay que mimar y respetar. Lo de que Lisboa ofrece precios económicos en restauración...tal vez sea un mito, como la niebla londinense.

Vayan a Lisboa en su propio automóvil, no utilicen el avión, Lisboa está bien cerca y a buen seguro les resultará más útil ir por sus propios medios, si cuentan con unos cuatro días, aprovechen para visitar también Cascais y Estoril, especialmente en tiempo de verano.

2 comments:

jose luis dijo...

¿Y los pasteles esos de Sintra que te recomendó el camarero portugués que nos atendió en la cervecería Delirium?, te podrías haber acordado y habernos traído una cajilla para probarlos hombre. Como veo lo habéis pasado bien, luego me dirás por qué hubieras preferido ir en coche en lugar de en avión como te fuiste, nos vemos Miguel Ángel.

Juanjo López dijo...

Me ha gustado mucho volver a pasearme por Lisboa, gracias a tus palabras y tus fotografías, en las que por cierto se nota calidad y buen ojo de fotógrafo. Muy bonita la fotografía en blanco y negro en que se ven los tendidos del tranvía y el Tajo al fondo.
Esta entrada es, además, una estupenda guía práctica paar visitar Lisboa, en la que no falta un aviso sobre esos restuarantes en que pueden darnos gato por liebre.