
Mi trabajo, lo saben muchos de ustedes, es el de la enseñanza. Quizás algunos puedan tildarme de conservador, tradicional, reaccionario o incluso carca, pero les confesaré que creo que la enseñanza va muchísimo más allá de un currículo repleto de contenidos teórico-prácticos sobre una determinada materia, ya sea matemáticas, música, física y química, lengua castellana, lengua extranjera o educación física. Yo soy de los que cree que la enseñanza se sustenta en valores fundamentales, de los que los docentes -claro está- debemos ser claros defensores y ejemplos. La nutrición es parte muy importante de una enseñanza integral, es salud, es bienestar.
Desde principios de los noventa, cuando empecé mi andadura como docente, he observado algo que ha ocurrido de forma casi inconsciente. Los adolescentes, ellos y ellas, han ido cambiando su morfología de forma muy patente. Hace no más de quince años la mayoría de los chicos y chicas tenían figuras propias de personas cuyo metabolismo quema y elimina casi todo lo que comen. La caldera de la locomotora de sus cuerpos consumía todo el carbón que, en forma de alimentos, ingerían. También había chicos y chicas que, por su propias características somáticas, tenían quizás un peso más alto de lo habitual, sin que ello pudiera deberse a una dieta poco equilibrada, sino simplemente a que no todos tenemos por qué ser delgados y esbeltos, afortunadamente, dicho sea de paso.
En cambio, en estos últimos quince años se observa que un preocupante porcentaje de los chicos y chicas que pueblan los centros escolares aumentan su peso de forma exponencial y con una celeridad fuera de lo común. Es más, combinan este exceso de peso con una tendencia, moda lo llaman, de usar vaqueros, ropa en general, varias tallas por debajo de las que les correspondería, con lo cual, créanme, terminan enseñando lo que nunca se hubiera imaginado.

Hasta tal punto llega el asunto que lo que siempre ha sido "ropa interior" -calzoncillos y braguitas- ahora prácticamente es "ropa exterior", puesto que los chicos muestran más bien poco pudor en acudir a centros escolares, como por la calle, con los pantalones bajados y enseñando, tan sólo, sus calzones, a menudo de Kalvin Klein, casualidades de la vida. Los tangas, por su parte, hacen furor entre la población femenina, para pudor y reparo de aquellos que seguimos tapando lo que siempre hemos tapado, aunque seamos modernos de mente, que conste, pero es que la ropa interior tiene sus motivos para llamarse "interior".
Como en cuestiones de tallas de ropa y modas el asunto está perdido, por fin el gobierno de España ha observado que estos chicos, con sobrepeso ya desde los 13-14 años, hablamos de unos 20 kilos de sobrepeso en muchos casos, todo ello combinado con importantes tasas de ingesta de alcohol, se terminarán convirtiendo en clientes casi eternos y crónicos del sistema público de salud, con los costes sociales, económicos y laborales, tremendos, que esto tendrá para nuestro país, como si no fuesen ya visibles en la actual crisis nuestras dificulades para salir de ésta con categoría y capacidad industrial e intelectual, en definitiva con gente preparada.
En el diario El País de cuatro de septiembre de 2010, se lee literalmente "El Gobierno ha dado hoy luz verde al proyecto de Ley de Seguridad Alimentaria y Nutrición.....la norma establece la retirada de los colegios de bollería, chucherías, snacks y refrescos dado que, entre los menores, el 9.13% tiene obesidad y el 18,48% sobrepeso, lo que significa que uno de cada cuatro niños tiene exceso de peso". Sorprendentes estos porcentajes, ¿verdad?

Nintendos, PlayStations, Xbox, PSPs, portátiles y demás artefactos juegan su papel en todo esto, no crean. Las calles, juegos de pelota y carreras de los niños han sido drásticamente sustituidos por estas endiabladas máquinas que absorben y liquidan el tiempo y la ejercitación física de nuestros jóvenes, las cosas ya están mal y a mucho peor que irán con el avance de la tecnología.
Dña Trinidad Jiménez, inesperada púgil del lamentable combate a varios asaltos versus D. Tomás Gómez en Madrid, concede que "Sanidad ha precisado que el tratamiento de las enfermedades derivadas de este problema nutricional supone un 7% del gasto del Sistema Nacional de Salud, unos 2.500 millones de euros".
Al final, ustedes coincidirán conmigo, los problemas de salud de la población sólo importan cuando se tornan un problema económico, igual que ocurre con el tabaco, que no es malo porque provoque cáncer, sino porque cuesta los cuartos al erario público sanitario. Como se den la misma prisa en aprobar esta ley que erradica las chuches de los centros educativos que con la abolición del fumeteo en lugares públicos, tendremos para rato. La ley de libertad para el aborto, que respeto profundamente, apenas vió la luz en unos meses. Del asunto de que van a prohibir el tabaco en lugares públicos ya he perdido la cuenta de cuánto se lleva hablando. Otro ejemplo de rapidez fue la abolición de los toros en Cataluña, cosa urgente al caso también, parece ser.

1 comments:
los chuches, va a subir el IVA de los chuches(Mariano Rajoy)
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